Finis Terrae

Xurxo Martiño

José Manuel García Iglesias / Silvia Hermida Sánchez

Xurxo Martiño, un artista conceptual perteneciente a la nueva generación de pintores compostelanos que en la década de los noventa se decantó por pintar paisajes urbanos y faros a través de una pintura matérica, resaltada con diferentes escalas de color, pigmentos y texturas. Con esta técnica, y gracias a la utilización de una gama cromática que osciló entre los blancos, los azules y los negros, el pintor consiguió producir grandes efectos de luz y sombra.

La carrera artística de Xurxo Costa Pérez, más conocido por su nombre artístico Xurxo Martiño, en honra a su hermano fallecido, comenzó muy pronto, formándose en escultura y pintura en la Escuela de Artes y Oficios Maestro Mateo de Santiago de Compostela. Con todo, su trabajo no fue reconocido hasta el momento en el que le brindaron la oportunidad de mostrar sus obras en una exposición colectiva que tuvo lugar en el Círculo Mercantil de Santiago de Compostela en 1985.

Posteriormente, decidió llevar su producción a diferentes ciudades gallegas, pero también a otras zonas de la península como Valencia, e incluso a zonas fuera de España como Lorient, perteneciente a la región francesa de Bretaña. A partir de entonces, comenzó a recibir galardones por su trabajo, como el de la Bienal de Pontevedra en 1988 o el del II Certamen de Artes Plásticas Isaac Díaz Pardo de A Coruña en 1991. Con todo, fue el primer premio de pintura José Malvar para nuevos valores, lo que lo consagró como artista en 1994.

Actualmente sus obras, que muestran tanto paisajes naturales cómo urbanas, se encuentran expuestas en diversos museos gallegos y algunas conforman colecciones institucionales muy prestigiosas.

En definitiva, un artista conceptual, perfeccionista e innovador que se puede identificar con el nuevo realismo gracias a los discursos coherentes que establece y en los que muestra una preocupación constante por los nuevos medios y técnicas, haciendo que aparezca siempre en sus obras un componente diferente que renueva la actuación creativa.

Se dijo de él que su realismo “puede evocar en nosotros los ecos agastados que hallamos en el norteamericano Edward Hopper: retratar el vacío, el silencio, el anonimato del paisaje…” (A. Castro, 1993: 399); que “parte de posiciones en las que una realidad de condición casi fotográfica se combina con un sentido muy vivido de la pintura que justifica esos alargamientos tan suyos en el mundo de lo matérico, consiguiendo así llamativos contrastes” (J. M. García Iglesias, 1997); que, en su caso, “la obra se teje alrededor de una figuración realista, sin tópicos y sin la ‘obsesión por el objeto’. En sus cuadros se relativiza la realidad y se intuye la mano del hombre en el silencio y el misterio de sus edificios y entornos” (M. Desbroces, 1997); que “combina técnicas y estilos diferentes para reforzar los contenidos simbólicos de sus desolados paisajes que nos trasladan a un mundo marcadamente romántico donde seguramente nada es lo que parece” (J. Mazorra, 1998:19): que “sostiene el potencial figurativo, asumiéndolo como pensamiento conceptual, intelectual y creativo” (M. Rozas, 2007:19); que, en cada una de sus obras, reside “una estructura determinada, no tanto quieta, como experimentada y estudiada” (X. Lens, A. Otero, 2007: 85).

Esta obra, tras conseguir el premio de Pintura para Nuevos Valores José Malvar, formó parte de la colección de la USC. En este caso, el artista tomó como fuente de inspiración el Faro de Fisterra y el paisaje que lo rodea para poder simbolizar el aislamiento, el lirismo, la melancolía, la distancia y, también, el peligro. Esta idea la destacó con la utilización de colores fríos y la aplicación de diferentes materiales, recortes y veladuras en la tabla. Con todo esto, Martiño consiguió distanciarse del espectador e incluso de la realidad, haciendo que la obra oscile entre el Hiperrealismo y el Expresionismo.

Pero nadie mejor que el propio Martiño a la hora de comentar esta obra:

“Siempre surge en mis cuadros la confrontación entre lo controlado y lo no controlado, entre lo conocido y lo desconocido, lo palpable y lo no palpable.

Esta tensión, en el tema de los faros, aparece dividida en las tres partes primitivas de la tradición grecolatina: tierra, agua y aire. La unión de esas tres partes la establece la construcción humana.

El aire/cielo forma parte del soporte, en realidad son solo soporte en sí. La zona que ocupa el agua parece más definida como espacio pero nunca será algo controlable porque aparece tapando un misterio. La tierra suele mezclar control y no control. La construcción simboliza el poder del hombre como creador; pequeño demiurgo dotado solo de la capacidad de crear artificio” (X. Martiño, 1997).

De la relación del pintor con el tema de los faros se dijo: “La memoria de la infancia de este mundo industrial son los faros de cemento, hierro y vidrio, sólidos y duraderos como una esperanza cierta, para el marino y para quien en tierra teme la incertidumbre del mar. El faro es una promesa de seguridad construida por humanos, un fuego de semidioses que agujerea las nieblas y desafía a los vendavales; un faro es una hermosa soberbia de humanos audaces e ingenuos” (S. de Toro, 1998:77).

En cualquiera caso, como se afirmó en otra ocasión, en lo concerniente a la valoración de este tipo de paisajes de Martiño, se contempla en este tipo de obra “una especie de deterioro que permite imprimirle a la superficie del cuadro un trabajo de calidad ciertamente importante” (J. M. García Iglesias, 1993:32).

Castro, 1993: A. Castro Fernández, “Os anos noventa”, en X. A. Castro, (coord.), Galicia. Arte Contemporánea (I), A Coruña (Hércules)1993, XVI, p. 399.

J. M. García Iglesias, 1993: J. M. García Iglesias, “Dez artistas na Compostela de fin de século”, en (catálogo de exposición) Dez visións da arte compostelá, Santiago de Compostela (Consorcio de Santiago), pp. 31-33.

 

J.M. García Iglesias,1997: J. M. García Iglesias, “Artistas Galegos”, en (catálogo de exposición) Expresiones y técnicas: Xesús Carballido, Ángel Cerviño, Mª Xosé Díaz, Xurxo Martiño, Simón Pacheco, Lola Solla, Madrid (Xunta de Galicia), 1997. 2 pp.

 

X. Lens, A. Otero, 2007: X. Lens, A. Otero, Compostelarte, Santiago de Compostela (Auditorio de Galicia), 2007, pp. 85-96.

 

X. Martiño, 1997: “(Finis Terrae)” en (catálogo de exposición) Expresiones y técnicas: Xesús Carballido, Ángel Cerviño, Mª Xosé Díaz, Xurxo Martiño, Simón Pacheco, Lola Solla, Madrid (Xunta de Galicia), 1997.

 

J. Mazorra, 1998: J. Mazorra, “De metáforas, apariencias y otros simulacros”, en (catálogo de exposición) Cercanías. Quintana Martelo-Roberto González- Guerreiro- Xurxo Martiño- Diego Casado, Lugo (Museo Provincial-Diputación Provincial de Lugo), 1998, pp. 16-19.

 

M. Rozas, 1997: M. Rozas, “Expresiones y técnicas” en (catálogo de exposición) Expresiones y técnicas: Xesús Carballido, Ángel Cerviño, Mª Xosé Díaz, Xurxo Martiño, Simón Pacheco, Lola Solla, Madrid (Xunta de Galicia), 1997. 4 pp.

 

M. Rozas, 2007: M. Rozas, “A memoria reinventada”, en (catálogo de exposición) Memoria. Pinturas, X. Antón Castaño/Luis Iglesias Diz/ Xurxo Martiño/ Nolo Suárez, Santiago de Compostela (Concello de Santiago), 2007, 17-20

 

S. de Toro, 1998: S. de Toro, “Melancolía para construir burbujas”, en (catálogo de exposición) Cercanías. Quintana Martelo-Roberto González- Guerreiro- Xurxo Martiño- Diego Casado, Lugo (Museo Provincial-Diputación Provincial de Lugo), 1998, pp. 76-77.

Ficha técnica

Número de referencia: IBC0000284
Autoría: Xurxo Martiño
Título: Finis Terrae
Temas: 
Paisaje
Datos: 1993
Técnicas: 
Mixta
Dimensiones: 
Alto. 150 cm Ancho: 150 cm Alto: 151 cm Ancho: 151 cm Fondo: 2,8 cm
Materiales: 
Tabla
Localización: Casa de la Balconada